Viajes/ Km. 06


El cuco.


Pensábamos en fantasmas y les llamábamos.

Algunos de nosotros juraban que existían. Algunos de nosotros no sabíamos si nosotros existíamos. Yo creo que teniendo miedo es más fácil asustarse.

Me levanté de la cama para apagar la luz, ya casi moría de cansancio.

Entonces, todo oscuro, hasta que mis ojos se acomodaron. Y ahora sí, hay penumbra y hasta da miedo mirar hacia la ventana, a través de las cortinas que hacen difusa cualquier figura que se perfile pasando detrás del vidrio.

Me propongo dormir, y entre tanta oscuridad casi no encontraba la cama. Me tapé hasta las orejas, podía sentir mi taquicardia, y como el golpeteo del corazón, afortunadamente el mío, sacudía todo el espacio de la cama.

Recordé la cena, en la que estuve charlando con algunos dragones. Contaban que solían tener miedos nocturnos. Lo casual era que todos alguna vez habían sido molestados por las típicas almas del pueblo. Las animas del pueblo.

Me decían que historias como esas abundaban en el país, que todo era común, normal: los magos, la magia, las brujas, los atados, la muerte, dios, el diablo, familiares de antaño que se aparecían ofreciendo visitas sorpresivas, puertas que se abren, cortinas que se cierran, sí, exactamente así, así como las de mi cuarto…

Yo ya no me siento seguro en ningún lado. A veces hasta suelo desconfiar de los espejos, de cualquier pequeño reflejo de mi alma que me devuelva algo más que solo yo, que descubra al lado mío algún anima o pequeño extraño dragón a la par mía, de sola existencia en el espejo.

Un surrealismo en vida. Un pueblo de mierda, que espanta viajeros con fantasmas en vida. Tan vivos a todo rato, y no solo de noche. Tan vivos como vos o como yo. Cosas que no se distinguen: ser vivo, ser muerto. Al menos intentar esos estados…

Intento dormir, pero sigo pensando en los lobos que roban los sueños, y en mi corazón que ya hace temblar toda la cama y ahora… ahora yo invento mi propio miedo.

Mi voz, mi eco de poco creyente le grita a Dios y encomienda mi alma a los santos, por si acaso no quede atrapada en algún pantano o desierto de almas en pena.

Ironías, ironías de la vida… Desquicios.

Es estar desubicado, es por dormir solo! Es pk hice algo malo en vida y ahora lo estaré pagando.

No, no, no amigo… los que rondan acá joden la vida a cualquiera, al que le toca le toca, esa es la verdadera suerte. No elegís, nunca elegirás esto. Te eligen, te escogen, ellos saben.

Escucha, no escuchas? Están silbándonos… cállate y apretá fuerte las sabanas.

Me silban… es un recorrer de energías mi cuerpo.

Escuchas? Caminan por sobre el techo, están tirando cosas, quizás tendiendo la ropa.

Hay muñecos, muñecos nocturnos, están jugando para parecerse niños, vaya a saber pk razón.

Mi cama sigue temblando, yo creo ver cosas detrás de mis ojos, temo abrirlos, temo cerrarlos.

Ya siento como los locos se sientan en la punta de la cama. El colchón se hunde, encojo mis piernas, ya no se si es el frío o es el miedo.

Temo gritar y que nadie acuda a mi llamado de poca hombría, no confío en lo que haya debajo de la cama.

Las bestias, las bestias del onírico me roban los sueños. Los endiablados desaparecidos.

Pido auxilio a las personas que amo, pero no quiero despertar a la gente de la casa.

El aire de la habitación se vuelve impuro, respirar se vuelve difícil, se respira cada vez más rápido.

Ya tengo miedo de tener problemas de vejiga y mojar todas las sabanas, adornando este festival de cosas del ensueño, que se burlan de mí, de cualquiera de nosotros.

Sé que los locos están ahí, observándome, queriendo arroparme.

No quiero ni moverme, pero esta posición fetal ya comienza a darme calambres.

Siento la respiración de algo más. Ya deseo auto convencerme de que es la mía.

A mi suerte, la puerta del baño sigue en su sitio, cerrada, y ningún espectro o cosa maléfica se ha atrevido pasearse por el patio interno de la casa. Ya he abierto de nuevo los ojos en busca de algo que de validez lógica a mi locura, que justifique mi delirio. Pienso que me convertiré en uno de ellos, y analizo las probabilidades de que algún muerto vivo se lleve mi alma.

Pobre de mi que nunca quise creer en estas cosas!

Ahora a donde están las brujas? Quiero que me recuperen el sueño.

Donde están las animas, el diablo o los locos del sendero? Donde? Donde están los cadáveres del cementerio?

Ahora ya no late, el respiro se vuelve brisa, deseo conversar con ellos, pero ninguno aparece, las luces ya no son luces, lo oscuro no es oscuro, y lo negro me hunde y me voy, me voy y ya no regreso, ya no hay nada, ya no pienso…

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Ellos y nosotros... Enamorados de la vida... Pero como todo amor lleva a la locura... Locos enamorados entonces, para así ser felices jugando en una bohemia imparable... Y así, viviendo, aprehender la vida misma Buena suerte revivir recuerdos del nacer ayer en un encuentro que ahora es cercano...

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